MIRABILIA


El Paisaje es eso que los romanos llamaban mirabilia, es decir, las “maravillas”, los objetos dignos de ser (ad)mirados. Cuando la naturaleza era la fuente divina de todos los terrores y todas las bendiciones, nuestros antepasados rupestres, atrapados en ella, pintaban sólo cazadores y animales. Habrá que esperar al romanticismo, para que Friedrich, Turner o Courbet conviertan al Paisaje en el núcleo de la mirada. Precisamente, Cabieses en esta muestra problematiza el saber mirar ese Paisaje, pero teniendo en cuenta que la mirada es de por sí una reducción de la potencialidad del mismo. Sobre todo aquella mirada economicista y globalizante que no distingue matices o diferencias y que busca solo satisfacer el deseo de exotismo. Frente a la evidencia del Paisaje como un mero objeto de consumo, de digestión banal, Cabieses cuestiona su representación y evidencia la bancarrota simbólica a la que se condena a la imagen. En algunos casos, el pintor reivindica lo esencial, la forma y el color, en honrada tirantez con las ilusiones del espectador: la línea pura y la condensación cromática enajenan el sentido. En otros, el artista problematiza el espacio y se corre más bien el riesgo de la desilusión.

Es así que la página arrancada de una revista pasada o la publicidad turística sesentera compiten en sentidos con su propia geometría y establecen una tensión constructiva en búsqueda de algo más universal. La esfera de lo narrativo entra en tensión con el estatus de la imagen y ambos se superponen.

El Paisaje cancelado pugna por encontrar razones frente a la camisa de fuerza de unas sencillas franjas. El artista deja abierta la posibilidad al espectador de explotar su intuición y resolver, parafraseando a François Lyotard, el enigma de lo que es y no de lo que debe ser. La clave de todo resida quizás en la gigantografía del misterioso brillo, que nos (re)concilia con el otro sentido de mirabilia, el del milagro, aquel que nos promete salvarnos del sentido único y devolvernos a un Paisaje primero, primario y hasta primitivo.

Jesús Martínez Mogrovejo

           
   
     
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