FRUTO PROHIBIDO


Herodoto narra en el libro V de sus Historias, el curioso relato del mensajero de un rey que llegando a su destino debía pedir que lo raparan. En su cuero cabelludo había sido tatuado un mensaje que él mismo desconocía. Como en esta historia, Cabieses ha optado por jugar esteganogràficamente con las imágenes que ha ido intuitivamente seleccionando en viejas revistas cuya estrategia de ilustración era la litografía. La Virgen que lleva al Niño es ocultada por un haz oscuro y se vuelve, por ende, tan solo una virgen y el Niño tan solo un niño. Nadie sabrá nunca más hacia donde se dirige la mirada de Doña Isabel de Portugal, si Cornelia sufre o si el torero ha muerto verdaderamente. Cabieses cubre el eje para descubrir una dialéctica del placer con el espectador. Detrás de las figuras geométricas y de las líneas que el artista utiliza para sellar ciertos puntos de los dibujos, hay tan de repente un fruto prohibido que nos interpela, y que logra elevar la sencilla estructura de la ilustración pues sugiere la posibilidad de una doble emancipación: la de la promesa de lo que está oculto y la de la realidad de aquello que lo oculta.


Jesús Martínez Mogrovejo

           
   
     
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