Durante las últimas dos décadas, el arte abstracto ha ido perdiendo terreno en Lima entre las generaciones más jóvenes de artistas visuales, y no puede decirse que sea un paradigma de lo contemporáneo en el arte peruano. Solo unos cuantos de los maestros vivos de la pintura peruana –todos pasan los sesenta años–, han madurado hasta convertirse en artistas cuya práctica pictórica lleva un sesgo crítico postmoderno. Y una vez asumido esto, queda señalar que muy a menudo las propuestas se han orientado hacia revisiones críticas de posiciones del art brut, del informalismo, del surrealismo y del expresionismo.

Al igual que en cualquier otro lugar del mundo actual, los artistas por debajo de los 40 años prefieren modalidades elegidas a partir de una gama de opciones relacionadas con un arte de lo real (pace Hal Foster). Solo recientemente ha habido un vivo interés en la obra de unos cuantos artistas peruanos, quienes hace más de medio siglo, optaron por lo no figurativo y, dentro de éste, por lo geométrico –o por lo constructivo /estructurado–, como modalidad. Una renovación muy gradual de prácticas de este tipo viene dándose en el contexto local (con una solitaria figura precursora y clave en el pintor Hernán Pazos, activo desde 1980). De estilo impersonal y con capacidad de liquidar el indulgente apego por las marcas autorales de impronta pictórica, estas prácticas avivan el recuerdo de algunos planteamientos de visualidad muy enfáticos, frecuentes durante la década de 1960, aunque sin los acentos retro. Esto está contribuyendo a definir su alcance y a proyectarlas en la objetivación de una tradición notoriamente discontinua, y a alimentar una exploración de los bordes de la cultura urbana popular en el Perú de hoy.

Jorge Cabieses (Lima, 1971) llegó hace poco a un punto crucial en su arte, adoptando una postura en arte constructivo dentro del desarrollo de una propuesta pictórica abstracta. Ya antes había alcanzado –hacia 2005– una posición prominente en la escena peruana de arte contemporáneo, a través de una consistente práctica de apropiación de imágenes de revista, dibujos técnicos e ilustraciones de manuales y folletos mediante el uso de procedimientos serigráficos. Al hacer que este material interactuara, podía simular la dinámica de un rápido cambio cultural y aludir con ironía crítica a las nociones occidentales de progreso que están vigentes en la sociedad peruana.
En el trabajo de Cabieses las formas geométricas siempre han aparecido en yuxtaposición con otra imaginería y, mediante su inclusión, se ha visto acentuada la intención abstracta de las pinturas y serigrafías que ha producido. Al aislar estas formas geométricas y enfatizar su naturaleza como agentes de principios constructivos en su propuesta más reciente, el artista ha resuelto pulcra y directamente la cuestión de ir en pos de una pintura geométrica pura en el actual clima de las artes: en el que ya no hay posturas de vanguardia y en el que la tendencia es hacia formas híbridas de visualidad. Amplificando y multiplicando la presencia de las formas geométricas a través de la generación de patrones repetidos y un despliegue previsualizado de gamas de color resplandeciente, Cabieses construye imágenes que apuntan a diversas fuentes culturales, desde el diseño industrial hasta las manifestaciones decorativas y autofabricadas de cultura callejera urbana.

No recurre a referencias de la historia del arte del siglo XX y, en vez de ello, elige como su punto de partida la apropiación y la elaboración a partir de una práctica visual decorativa, típica de la costa del Perú. Las estructuras en madera, de tipo caja, de la tolva de los camiones de transporte de cargas de volumen mediano, están decoradas en el exterior con motivos geométricos linealmente definidos y muy cuidadosamente pintados. En algún punto de la segunda mitad del siglo XX –procedamos a especular-, estos podrían haber derivado de versiones de segunda y hasta tercera mano de pintura geométrica de la Bauhaus; del trabajo de Giò Ponti, diseñador italiano de la década de 1950; del Arte Óptico de la década de 1960; y hasta de los patrones geométricos decorativos en los vasos ceremoniales prehispánicos de madera (keros). Los motivos lineales pintados en la tolva son actualmente reconocidos, sin embargo, como una manifestación visual vernacular y totalmente local.

La posible influencia de la pintura modernista local en el caso de estas manifestaciones visuales de origen vernacular no puede ser obviada, si bien habría solo indirecta. La primera gran ola de migrantes de los Andes a la ciudad empezó al final de la década de 1940 y continuó en la de 1950. En esa época el desarrollo industrial en el Perú era una vívida promesa que parecía brillar en el horizonte, anunciando la llegada de la modernidad. El proceso de migración tuvo lugar simultáneamente con algunos pronunciamientos muy públicos de adhesión al arte moderno, específicamente a la pintura abstracta, de parte de las figuras líderes entre pintores, arquitectos y críticos de arte de la generación más joven. Esta tendencia en arte alcanzó su punto máximo alrededor de 1960-1961 y permaneció en alto a lo largo de los años 60 y hasta 1970. En 1961, en uno de sus textos, el crítico de arte local Juan Acha situó a la pintura no figurativa, de una geometría pura, como una opción aislada y de impronta europea entre las tendencias del arte abstracto en Lima. Esto todavía queda por aclarar mediante una investigación exhaustiva, dado que no hay colección pública o privada de arte moderno en el Perú que pueda actualmente ofrecer a un público de arte contemporáneo una selección contundente de cuadros modernos por artistas peruanos.

Habrían sido las piezas gráficas de los jóvenes y activos diseñadores urbanos de fines de los 50, que abarcaban desde avisos publicitarios de periódico hasta afiches, desde diseños de carátula de LPs hasta diagramación de revistas, las que ayudaron a traducir la estética visual modernista geométrica –o constructiva– de la Alta Cultura, para hacer de ella un ingrediente extremadamente vivaz que agregar al crisol de fusión de la baja cultura en ese entonces. Por otro lado, se puede decir que estos diseñadores dieron inicio a una tendencia de modernización de motivos andinos de textiles, bordados y otras fuentes, para su uso en diseño urbano. La Junta Revolucionaria de 1968 promovió esto, qué duda cabe, contratándolos para diseñar piezas para las oficinas de comunicaciones del gobierno, que luego fueron impresas masivamente y distribuidas en todo el país.

Así, la obra más reciente de Cabieses no está conectada con la tradición artística de geometría pura del periodo del arte moderno en el Perú –dentro del cual la abstracción geométrica duró muy poco–, aunque por su mismo modo de producción e inserción en el mercado de arte puede decirse de ella que constituye una serie de trabajos eruditos. Mediante una estrategia simple –bien podría uno llamarla de prestidigitación– ha logrado introducir en el espacio de una galería de arte un modo de pintar que hace eco de una cultura áspera de carretera panamericana y que luce a la vista su corazón popular –jamás populista–, de filo duro, ángulos cerrados y color brillante.


Jorge Villacorta Chávez
Lima, 2011

 

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Abstract art has been losing ground in Lima among the younger generations of visual artists for the past two decades, and it cannot quite be said to be a paradigm of the contemporary in Peruvian art anymore. Only a few of the acknowledged living masters of Peruvian painting –all in their sixties–, have matured into painters with a critical postmodern slant to their art practice. Once having admitted this, it must be pointed out that quite often proposals have favoured critical revisions of art brut, informalistic, surrealistic or expressionistic positions.


Just like anywhere else in the world today, artists under 40 currently choose modes from out of a variety of options pertaining to an art of the Real (pace Hal Foster). Only recently has there been a keen interest in the work of a few Peruvian artists who half a century ago, opted for the non-figurative in the geometric –or constructive/ structured–, mode. There's now a gradual renewal of practices of this kind in the local context (with the solitary figure of painter Hernán Pazos as solitary forerunner and key element in this renewal, since 1980). Impersonal in style and preempting indulgence in authorial marks of painterliness, they hark back to some very emphatic statements of visuality, frequent during the 1960s, but without the retro overtones. This is contributing to define the scope and posit these practices as objectifying a notoriously discontinuous tradition, while exploring the borders of urban popular culture in Peru today.


Jorge Cabieses (Lima, 1971) has recently arrived at a turning point in his art through the adoption of a constructive art stand in his development of an abstract proposal in painting. He had already achieved a prominent position in the Peruvian contemporary art scene by 2005, through a consistent practice of appropriation of magazine images, technical drawings and illustrations from manuals and booklets, using silkscreen procedures. The interplay of this material allowed him to mimic the dynamics of rapid cultural change and to allude to Western notions of progress at work in Peruvian society with critical irony.


Geometric forms had appeared in his work always juxtaposed with other imagery, and through their inclusion Cabieses had accentuated the abstract intention of the paintings and screen prints he produced. By isolating these same geometric forms and emphasizing their nature as agents of constructive principles in his most recent proposal, the artist has neatly and directly addressed the issue of pursuing pure geometric painting in the current climate of the arts: one in which there are no easily recognizable avant garde stands and in which the tendency runs towards hybrid forms of visuality. By amplifying and multiplying the presence of geometric forms through the generation of repetitive patterns and calculated display of resplendent colour schemes, he builds painted images that point to diverse cultural sources, from industrial design to urban do-it- yourself, decorative street culture concoctions.


Cabieses does not resort to references from 20th century art history and rather chooses as his starting point the appropriation of and elaboration upon a visual, decorative practice, typical of the coast of Peru. The wooden-closed-box structures for the transport of medium sized loads, in the back of trucks, are decorated on the outside with linearly defined, neatly painted geometrical motifs. These may have been derived, at some point in the second half of the 20th century –let us speculate-, from second-hand and even third-hand versions of Bauhaus geometric painting; from 1950s Italian designer Giò Ponti’s work; from 1960s Op Art; or even, from the decorative patterns on pre-Hispanic wooden ceremonial vessels. The truck-box linear motifs are, however, recognized now as a fully local and vernacular visual manifestation.


The possible influence of local modernist painting in the case of these visual manifestations of vernacular origin cannot be ignored although its nature could only have been indirect. The first big wave of migrants from the Andes to the city started at the end of the 1940s and continued undeterred into the 1950s. Industrial development in Peru was, at that time, a vivid promise that seemed to shine in the horizon, announcing the arrival of modernity. The migration process took place simultaneously with some very public pronouncements of adherence to modern art –specifically abstract painting–, on the part of the leading figures among painters, architects and art critics of the younger generation. This trend in art peaked at about 1960-1961 and remained high throughout the 60s and up to 1970. Writing in 1961, local critic Juan Acha situated non figurative, pure geometric painting as an isolated and European influenced option among the trends in abstract art in Lima. This still remains to be clarified by exhaustive research since no public or private modern art collection in Peru at present can offer a contemporary art audience a cogent selection of abstract modern artworks by Peruvian artists.


For all we know, it could well have been the graphic pieces by young and active urban designers of the late 50s, ranging from newspaper ads to posters, from LP cover art to magazine layouts, that helped translate High Culture modernist geometrical –or constructive– visual aesthetics into an extremely lively ingredient to add to the low culture melting pot of the times. On the other hand, these designers can be said to have started a trend of modernization of Andean motifs from textiles, embroidery and other sources, for use in urban design. Surely the Revolutionary Junta of 1968 in Peru fostered this by hiring them to produce pieces for the governmental communications offices, that were massively printed and distributed throughout the country.


So Cabieses’ latest work does not claim a connection with the pure geometric art tradition in Peru’s modern art period, –during which geometrical abstraction was very short-lived–, although from its very mode of production and insertion in the art market, it is possible to say of it that it constitutes a series of erudite works. By a very simple strategy –one could almost call it a sleight of hand– he has managed to introduce into an art gallery space a mode of painting that harks of a rough Panamerican highway culture and wears its brightly-coloured, hard-edged and pointedly angular, popular not populist, heart on its sleeve.


JORGE VILLACORTA CHÁVEZ
Lima, 2011

 

 

 
   
     
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